viernes, 2 de octubre de 2009

La música p’urhepecha

En la tradición 2

J. L. Rodríguez Ávalos

La música esquinera.
Los p’urhepecha tienen sonecitos y sones abajeños, estos últimos más rápidos y alegres en los que se vinculó la vihuela, quién sabe desde cuando, pero dice la leyenda que los p’urhepecha bajaban a comerciar a la tierra caliente, siendo arrebatados por la fuerte codicia de los sones calentanos, con los que hasta hacen bailar a los caballos y obligan a estrenar uaraches cada ocho días. Y de la fusión del son calentano con el son p’urhepecha nació el abajeño, o sea, un son con el estilo “de allá abajo”.

La música p’urhepecha se interpreta con orquesta de cuerdas o con banda de alientos. Pero está la otra vertiente que es la música cantada. Pirekua quiere decir, en el idioma p’urhepecha, canción; pireri es el que canta, pireni es cantar.

Vale la pena señalar –una vez más y cuantas sean necesarias- que las lenguas indígenas de México son idiomas y no dialectos. Desde la ciudad se les impuso el mote de dialectos por la soberbia de quienes se consideran dueños del país, se les llama dialectos por desprecio y es una muestra del racismo que impera en México de manera cotidiana y abrumadora.

De cualquier manera, ese idioma tiene la particularidad de que todas sus palabras terminan en vocal, si se ve por allí alguna palabra p’urhepecha que termina en consonante, está mal escrita.

Y los p’urhepecha reconocen a la pirekua como música esquinera. En los pueblos es fácil ver a los muchachos tocando en la esquina, compartiendo la pirekua que han recibido de los mayores, que acaban de aprenderse o que están componiendo. La pirekua sirve para cantar los sentimientos pero también para descubrir el mundo y expresarlo. Dice el pireri y compositor Ismael García Marcelino, de Jiuatsio, que la pirekua se tiene que cantar mirando a la persona a la que se le canta, así como se habla el idioma, que requiere ver al interlocutor.

Sólo en la ciudad se puede escuchar la pirekua dentro de un teatro, o restaurantes y peñas. En el pueblo anda de callejera y se instala en la esquina, debajo del foco de a 60 si ya se hizo nochecita.

Música calentana
La tierra caliente es una franja de culturas que comparten muchas características, tanto en su cocina como en la forma de vestir, de hablar, de mentar madres y de emborracharse, a lo largo de varios estados.

Que los maridos den de golpes a sus mujeres –esposas o hijas- y que se emborrachen, no son elementos de la tradición, son costumbres. La costumbre se adhiere a la tradición como el heno a los árboles o las lombrices a los intestinos infantiles. Este tipo de costumbres se deben erradicar, pero no todas las costumbres son malas, algunas son necesarias para que la tradición se enriquezca.

Michoacán tiene marcadas diferencias musicales en sus tres secciones más importantes de la tierra caliente. En los límites de Guerrero está la región de Huetamo, por la que corre el Río Balsas después de atravesar el estado y llegar al Océano Pacífico por el rumbo de Lázaro Cárdenas.

El son y el gusto se desarrollaron bajo una dotación instrumental compuesta por violines, guitarra y tamborita. Este instrumento es un pequeño tambor hecho de cueramo con parches que suelen ser de chivo o res, aunque existe la leyenda de que un parche es de chivo y el otro de coyote, no se debe tocar este último si no se quiere atraer males a la fiesta.
En esta depresión del Balsas conviven varios municipios y todavía se mantiene una tradición singular.

El baile de tabla
Se hace en la tierra un hoyo de dos metros de diámetro, más o menos, y se escarba un metro o metro y medio, según. Luego se pondrán en el fondo cuatro cántaros con agua, uno por cada esquina de la tabla que va a cubrir el hoyo. Esa tabla, casi siempre de cueramo, que es una madera muy resistente pero flexible, se irá afinando, poniendo más o menos agua en los cántaros.

En la tradición calentana la mujer lleva siempre el ritmo en su baile y no compite con el zapateo del hombre, como suponen quienes viven en las ciudades y han visto películas de Pedro Infante y Jorge Negrete, en las que se simplificó y desvirtuó a la tradición. El famoso grito de ¡voy polla! no es de la tradición, se usaba en el palenque cuando se quería hacer enojar a algún gallero, diciéndole “polla” a su gallo.

El hombre va a competir contra el tamborilero, éste hará redobles y figuras sonoras que el hombre tendrá que repetir o superar. El hombre que no sabe zapatear se tramboluqueará y será lanzado de la tabla por la flexibilidad de la misma.

Quienes escuchen tocar al tamborilero, se darán cuenta de que a veces percute en los aros y otras veces en los cueros. En la tradición –y normalmente en todas las culturas tradicionales o populares- quienes bailan dejan de hacerlo cuando entran en acción los poetas, o sea, el cantante o los cantantes. Mientras dura la canción no es necesario abandonar la tabla, sino que se puede valsear hasta que vuelve a entrar la música y se puede volver a zapatear. La tamborita va dando estas entradas, pero si el tamborilero ve que el bailador no la hace, entonces deja de percutir los parches.

Baile de artesa
Igual que la tabla, la artesa es de madera y sirve para servirle la comida al ganado. Pero cuando está ociosa, se puede voltear y se baila en el lomo. Como es hueca, hace un sonido retumbante que se puede escuchar lejos.

La región del Río Tepalcatepec, que atraviesa el Valle de Apatzingán, es conocida como región planeca porque se encuentra uno en la planicie y allí la artesa avisa que hay baile. También se acostumbra hacer el hoyo para la tabla y que resuene sabrosamente.
Claro, porque para la tradición, los bailadores constituyen un instrumento más. La tradición bailadora se reconoce por regiones, zonas, poblados y familias, se puede saber de dónde es una pareja por su forma de bailar, y de qué familia son por el estilo.

La otra región calentana es la de Turicato, desde Tacámbaro, que es uno de los balcones de la tierra caliente. En Apatzingán, el instrumento fundamental es el arpa y los grupos se llaman conjuntos de arpa grande. En las laderas ya no se toca ni el arpa ni la tamborita, sino el contrabajo o tololoche.

La poesía
Las estrofas más importantes de la tierra caliente son las Indias, por el lado de Huetamo, que con diversas poblaciones calentanas del estado de Guerrero forman un todo y mantienen también las remas y las malagueñas, las tres expresadas en estrofas en forma de sextillas octosilábicas, rimando nones con nones y pares con pares; cada una tiene su música propia. Las Indias siempre comienzan con la expresión “India del alma” o alguna otra que anuncie que va a haber “india”:

India del alma:
El otro día me dijiste
que conmigo tú querías,
pero luego lo que hiciste
me hizo enmuinar muchos días,
con otro cabrón te fuiste
¡y aún te hago poesías!

Por el lado de Apatzingán está la valona, que es una glosa que comienza con una cuarteta, cuyos versos serán los pies forzados para cada una de las cuatro décimas que se desprenderán de la glosa, para luego concluir con una cuarteta de despedida. La música que acompaña a la valona es siempre la misma y sólo cambia el final, que es una fuga por son y éste puede ser cualquiera.

Las indias, remas y malagueñas, como las valonas, sirven para improvisar, o sea, el enfrentamiento entre dos poetas y sus respectivos grupos acompañantes. Se conocen como topadas, pero también se les llama piques, pleitos, improvisadas, versada y de otras maneras, según la región.


Un poco de lectura no hace daño.. digo yo.. 

2 comentarios:

David Rodriguez dijo...

Hola Ana, por aqui visitandolosde nuevo, gracias por este post, que es una explicacion tan clara de las diferencias que hay en la musica de esa region de tu pais, me gusta la forma tan sencilla conque se explica y es bueno asi para entender el lado folklorico de cada zona. Adelante con este excelente blog. Saludos a todos los de tu equipo.

jsteff dijo...

Muy interesante texto, gracias por compartirlo Ana, la cultura y tradición michoacanas son fascinantes y dignas de ser estudiadas pero bien a fondo. Hasta pronto.